La estabilidad no se negocia a base de pulsos
La política municipal no puede funcionar a golpe de sobresalto.
No puede depender del estado de ánimo de nadie ni de decisiones que se toman y se deshacen en cuestión de horas. Porque cada vaivén interno no es un asunto de partido: es un problema para la institución y para el pueblo.
La reincorporación de Alejandro Ramírez al grupo de gobierno de Teguise es, sin duda, una buena noticia en términos de estabilidad inmediata. Que las aguas vuelvan a su cauce siempre es preferible al conflicto. Y que se haya apostado por el acuerdo y no por la ruptura es, en sí mismo, un gesto positivo.
Ahora bien, la estabilidad no puede construirse solo a base de concesiones puntuales. Gobernar no es ceder siempre para apagar fuegos, sino crear un marco sólido donde nadie sienta que tiene que tensar la cuerda para ser escuchado.
Porque existe un riesgo que conviene decir con respeto, pero con claridad:
si cada desacuerdo se resuelve a base de ultimátums, el mensaje que se lanza es peligroso. Se corre el riesgo de que mañana cualquier diferencia se convierta en una “rabieta política” para forzar decisiones. Y eso no es gobernar: eso es gestionar bajo presión.
El pueblo no necesita gobiernos que funcionen por impulsos.
Necesita equipos que funcionen por responsabilidad.
Por eso es acertada —y muy necesaria— la intención expresada por la alcaldesa Olivia Duque de incorporar a Jonás Álvarez al gobierno municipal. No como parche, sino como refuerzo. No como gesto político, sino como apuesta por la estabilidad real.
Un gobierno más amplio, más plural y más equilibrado es un gobierno menos vulnerable a los pulsos personales. Y eso, a un año largo de las elecciones, es exactamente lo que necesita Teguise: menos ruido y más estructura.
Aquí no se trata de señalar a nadie.
El pueblo no busca culpables. Busca coherencia.
La experiencia enseña que cuando todo gira alrededor de una sola pieza, el sistema se resiente. Y cuando se reparte la responsabilidad, el gobierno gana en serenidad, en solidez y en futuro.
En este contexto, también es justo dirigirse a Jonás Álvarez.
Si finalmente se incorpora al grupo de gobierno, el municipio lo agradecerá. Porque apostar por la estabilidad no es solo un gesto institucional: es una oportunidad real de trabajar directamente para el pueblo y de ejecutar proyectos que hoy están esperando.
Entrar en el gobierno no es diluirse, es implicarse.
Es pasar de la crítica a la acción.
Y es, además, una decisión inteligente desde el punto de vista político: quien gobierna y gestiona bien, gana credibilidad. Y quien gana credibilidad, gana futuro.
La experiencia dice que no hay mejor campaña electoral que un buen trabajo previo.
Y no hay mejor aval ante el pueblo que haber estado donde se toman las decisiones y haberlas tomado con responsabilidad.
Si Jonás apuesta por la estabilidad, el municipio se lo agradecerá.
Y él, con hechos, podrá demostrar que está donde hay que estar: trabajando por la gente.
Por eso, hoy más que nunca, la prioridad no debe ser apagar el último incendio, sino evitar que el próximo se produzca.
La estabilidad no se mendiga.
Se construye.
Y se construye con diálogo, sí,
pero también con firmeza, equilibrio y visión de conjunto.
Porque gobernar no es reaccionar.
Gobernar es anticiparse.
Y Teguise necesita un gobierno que piense en mañana, no solo en salir del paso hoy.






















































