CUANDO LA NAVIDAD SE DEFIENDE DESDE LA VERDAD
La Navidad no es solo luces.
No es solo música.
Y desde luego, no es un negocio encubierto.
En Lanzarote, como en muchos lugares, la Navidad se ha convertido en un escaparate donde no todo lo que se muestra es real. Detrás de algunos eventos supuestamente “emblemáticos” se esconden intereses privados, campañas pagadas y discursos repetidos que poco tienen que ver con la ilusión, la cultura o la tradición del pueblo.
No todo lo que brilla es Navidad
Durante estas fechas se publican titulares, reportajes y elogios que no siempre nacen de la calidad ni del respaldo popular. Muchos responden a acuerdos económicos, promociones interesadas o estrategias de visibilidad que intentan imponer una realidad que la calle no reconoce.
Porque la verdadera Navidad no se compra.
Se construye.
Se trabaja.
Se vive.
Eventos con alma… y eventos sin ella
Hay eventos que emocionan, que reúnen a familias, que generan recuerdos y que se convierten en punto de encuentro para miles de personas. Y hay otros que, pese a venderse como “imprescindibles”, no logran conectar con la gente porque carecen de alma, autenticidad y arraigo.
No se puede dar el mismo valor a todo.
No todo merece el mismo reconocimiento.
Y no todo debe ocupar el mismo espacio mediático.
Cuando un evento no alcanza el nivel de calidad, impacto y popularidad necesarios, simplemente no lo alcanza. No es una injusticia. Es una realidad.
El valor de ser nominado
Los Premios CILDUN no premian promesas ni campañas de marketing. Premian hechos. Trabajo. Constancia. Creatividad. Y, sobre todo, respuesta popular.
Quienes no aparecen en el listado de nominados no están siendo castigados. Están siendo evaluados con criterios claros, objetivos y exigentes. Porque la excelencia no se regala.
Un jurado que protege la verdad
El jurado de los Premios CILDUN está formado por personas vinculadas al mundo festivo y a distintos sectores sociales y empresariales relacionados con las celebraciones. Personas que saben mirar más allá del escaparate.
Su anonimato no es un misterio oscuro.
Es una garantía.
Se mantiene para evitar presiones, favoritismos, interferencias o manipulaciones. Para que nadie tenga que “quedar bien” con nadie. Para que el fallo sea libre, justo y honesto.
Porque cuando se protege al jurado, se protege la verdad.
La Navidad pertenece al pueblo
La Navidad no pertenece a unos pocos.
Pertenece a la gente.
A los barrios.
A las familias.
A quienes visitan, participan y sienten.
Por eso, cuando un evento conecta con miles de personas, cuando se convierte en tradición viva, cuando emociona sin necesidad de artificios, eso no se puede fingir ni pagar.
Eso se nota.
Se comenta.
Se comparte.
Despertar no es atacar. Es exigir calidad.
Este no es un ataque.
Es una llamada de atención.
Una invitación a cuidar más lo que se hace, a respetar al público y a entender que la Navidad merece excelencia, honestidad y compromiso real.
Porque el pueblo ya no se conforma con luces vacías.
Quiere verdad.
Quiere emoción.
Quiere Navidad de verdad.
'ARTÍCULO DE OPINIÓN'
Confederación Nacional Atlántica








No hay comentarios:
Publicar un comentario