domingo, 11 de enero de 2026

"Cuando la Navidad se convierte en abuso"

 

"Cuando la Navidad se convierte en abuso"

La Navidad no puede ser una excusa para explotar a la gente.

Y mucho menos para vulnerar la ley.

En los últimos años se han normalizado prácticas que, lejos de proteger el interés general, perjudican directamente a ciudadanos, familias y pequeños operadores. Prácticas que deben ser señaladas con claridad, porque callar también legitima.

Precios abusivos: la ilusión no puede ser un lujo

No es aceptable que las atracciones, la alimentación o los productos básicos en eventos navideños alcancen precios desorbitados, inaccesibles para muchas familias. Cuando un evento se desarrolla en espacios públicos y se presenta como “familiar”, no puede funcionar como un recinto elitista encubierto.

La Navidad debe ser inclusiva.

Y los precios abusivos excluyen.

Suelo público no es negocio privado gratuito

Un principio básico del derecho administrativo es claro:

nadie puede lucrarse en suelo público sin cumplir las obligaciones legales.

Un operador privado no puede cobrar por el uso de un espacio público si no ha abonado previamente las tasas, licencias y cánones que exige la normativa. Hacerlo no es creatividad empresarial: es una irregularidad.

El espacio público pertenece a todos.

Y su explotación debe estar regulada, fiscalizada y justificada.

Control opaco del dinero: una práctica inadmisible

No se puede permitir que los ingresos de los puestos se controlen mediante sistemas cerrados o tiques diseñados para conocer cuánto factura cada operador, con el único objetivo de replicar el negocio en ediciones posteriores desde la organización.

Eso plantea un problema grave:

Competencia desleal

Uso indebido de información económica

Ventaja ilegítima frente a terceros

El organizador no puede copiar los puestos de otros, ni apropiarse de modelos ajenos para explotarlos después en beneficio propio.

Repetición disfrazada de novedad

Tampoco es aceptable repetir año tras año el mismo formato, los mismos contenidos y los mismos puestos, intentando maquillar la falta de creatividad con una única novedad cosmética.

La innovación no se simula.

O existe, o no existe.

La repetición sistemática empobrece la oferta, cansa al público y convierte la Navidad en un producto sin alma.

Dinero público para negocios privados: línea roja

El dinero público tiene una finalidad clara: el interés general.

No puede utilizarse para sostener, pagar o rescatar negocios privados, directa o indirectamente, bajo el paraguas de un evento festivo.

Cuando hay financiación pública:

debe haber concurrencia

debe haber transparencia

debe haber control

Cualquier otra cosa es un uso indebido de recursos que pertenecen a todos.

Seguridad, licencias y responsabilidad

No se puede autorizar la apertura de un evento o negocio en espacio público sin comprobar previamente que cumple con todos los requisitos de seguridad: planes de emergencia, evacuación, seguros, instalaciones eléctricas, aforos y personal cualificado.

La seguridad no es un trámite.

Es una obligación legal y moral.

Sin exposición pública no hay legitimidad

Y, por último, pero no menos grave:

no se puede conceder una plaza pública ni aprobar un proyecto sin una previa exposición pública real, transparente y accesible.

Sin publicidad:

no hay igualdad de oportunidades

no hay concurrencia

no hay democracia administrativa

Las decisiones opacas generan desconfianza.

Y la desconfianza destruye la credibilidad institucional.

Conclusión: la Navidad no puede ser territorio sin ley

Esto no es una cruzada.

Es una advertencia.

La Navidad no puede convertirse en un espacio donde todo vale, donde se normalizan abusos, precios excesivos, opacidad económica y decisiones administrativas sin control.

La fiesta pertenece al pueblo.

El dinero es público.

Y la ley es de obligado cumplimiento.

Quien no esté dispuesto a respetar estas reglas básicas, no debería gestionar ni representar un evento que se presenta como público y navideño.

Porque la ilusión no justifica el abuso.

Y la Navidad, para ser verdadera, debe ser justa.

La Navidad no se compra: se defiende

 

La Navidad no se compra: se defiende

La Navidad no es solo luces, escenarios ni titulares llamativos. Tampoco debería convertirse en un escaparate donde todo vale si hay dinero de por medio. La Navidad, cuando es auténtica, se construye desde la verdad, la emoción y el compromiso con la gente.

En los últimos años hemos asistido a una deriva preocupante: eventos navideños sobredimensionados mediáticamente, sostenidos por campañas pagadas o intereses privados, que intentan imponer una narrativa que no siempre coincide con lo que realmente vive y siente el pueblo.

Porque no todo lo que brilla es Navidad.

Marketing frente a emoción

Se publican elogios, rankings y reconocimientos que no nacen de la calidad ni del respaldo popular, sino de estrategias de visibilidad cuidadosamente diseñadas. Se confunde impacto mediático con impacto emocional. Y no son lo mismo.

La verdadera Navidad no se compra.

Se trabaja.

Se cuida.

Y se comparte.

Hay eventos que emocionan, que reúnen a familias, que generan recuerdos y tradición. Y hay otros que, pese a venderse como imprescindibles, no logran conectar porque carecen de alma, identidad y arraigo real.

No todo merece el mismo reconocimiento.

No todo debe ocupar el mismo espacio.

El valor de no estar

En los Premios CILDUN no se premian campañas de marketing ni promesas. Se evalúan hechos, constancia, creatividad y, sobre todo, la respuesta de la gente. Por eso, no aparecer en un listado de nominados no es una injusticia: es una consecuencia.

La excelencia no se regala.

Se alcanza.

Y asumirlo también forma parte de crecer.

Un jurado protegido para proteger la verdad

El jurado de los Premios CILDUN está formado por personas vinculadas al mundo festivo y a distintos sectores sociales y empresariales relacionados con las celebraciones. Personas con criterio, experiencia y sensibilidad.

Su anonimato no es opacidad.

Es una garantía.


Se mantiene para evitar presiones, favoritismos, interferencias o manipulaciones. Para que nadie tenga que quedar bien con nadie. Para que el fallo sea libre, justo y honesto. Proteger al jurado es proteger la credibilidad del reconocimiento.

La Navidad pertenece a la gente

La Navidad no pertenece a unos pocos ni a intereses concretos. Pertenece al pueblo, a los barrios, a las familias, a quienes participan, visitan y sienten.

Cuando un evento conecta con miles de personas, cuando se convierte en tradición viva, cuando emociona sin artificios, eso no se puede fingir ni comprar. Eso se nota en la calle, en la conversación cotidiana y en la memoria colectiva.

Despertar no es atacar.

Es exigir calidad.

Es pedir honestidad.

Es recordar que la Navidad merece respeto.

Porque el pueblo ya no se conforma con luces vacías.

Quiere verdad.

Quiere emoción.

Quiere Navidad de verdad.

Artículo de:

Magazine Lanzarote 

CUANDO LA NAVIDAD SE DEFIENDE DESDE LA VERDAD

CUANDO LA NAVIDAD SE DEFIENDE DESDE LA VERDAD

La Navidad no es solo luces.

No es solo música.

Y desde luego, no es un negocio encubierto.

En Lanzarote, como en muchos lugares, la Navidad se ha convertido en un escaparate donde no todo lo que se muestra es real. Detrás de algunos eventos supuestamente “emblemáticos” se esconden intereses privados, campañas pagadas y discursos repetidos que poco tienen que ver con la ilusión, la cultura o la tradición del pueblo.

No todo lo que brilla es Navidad

Durante estas fechas se publican titulares, reportajes y elogios que no siempre nacen de la calidad ni del respaldo popular. Muchos responden a acuerdos económicos, promociones interesadas o estrategias de visibilidad que intentan imponer una realidad que la calle no reconoce.

Porque la verdadera Navidad no se compra.

Se construye.

Se trabaja.

Se vive.

Eventos con alma… y eventos sin ella

Hay eventos que emocionan, que reúnen a familias, que generan recuerdos y que se convierten en punto de encuentro para miles de personas. Y hay otros que, pese a venderse como “imprescindibles”, no logran conectar con la gente porque carecen de alma, autenticidad y arraigo.

No se puede dar el mismo valor a todo.

No todo merece el mismo reconocimiento.

Y no todo debe ocupar el mismo espacio mediático.

Cuando un evento no alcanza el nivel de calidad, impacto y popularidad necesarios, simplemente no lo alcanza. No es una injusticia. Es una realidad.

El valor de ser nominado

Los Premios CILDUN no premian promesas ni campañas de marketing. Premian hechos. Trabajo. Constancia. Creatividad. Y, sobre todo, respuesta popular.

Quienes no aparecen en el listado de nominados no están siendo castigados. Están siendo evaluados con criterios claros, objetivos y exigentes. Porque la excelencia no se regala.

Un jurado que protege la verdad

El jurado de los Premios CILDUN está formado por personas vinculadas al mundo festivo y a distintos sectores sociales y empresariales relacionados con las celebraciones. Personas que saben mirar más allá del escaparate.

Su anonimato no es un misterio oscuro.

Es una garantía.

Se mantiene para evitar presiones, favoritismos, interferencias o manipulaciones. Para que nadie tenga que “quedar bien” con nadie. Para que el fallo sea libre, justo y honesto.

Porque cuando se protege al jurado, se protege la verdad.

La Navidad pertenece al pueblo

La Navidad no pertenece a unos pocos.

Pertenece a la gente.

A los barrios.

A las familias.

A quienes visitan, participan y sienten.

Por eso, cuando un evento conecta con miles de personas, cuando se convierte en tradición viva, cuando emociona sin necesidad de artificios, eso no se puede fingir ni pagar.

Eso se nota.

Se comenta.

Se comparte.

Despertar no es atacar. Es exigir calidad.

Este no es un ataque.

Es una llamada de atención.

Una invitación a cuidar más lo que se hace, a respetar al público y a entender que la Navidad merece excelencia, honestidad y compromiso real.

Porque el pueblo ya no se conforma con luces vacías.

Quiere verdad.

Quiere emoción.

Quiere Navidad de verdad.

'ARTÍCULO DE OPINIÓN'

Confederación Nacional Atlántica